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Sobre los usos del fuego en una cultura de amor y rebelión. (Cap. I) La
Controversia del "Fiya Burn": Fire
is for the purification No
water can put out this fire God
gave Noah the rainbow sign: The
roof, the roof, the roof is on fire, Parece ser que se ha llegado a esto: Fiya Bun (prender fuego) es una realidad. Algunos jóvenes de una generación criada en la moda del Fire Burn del dancehall han cruzado la línea entre la retórica y la realidad. Unos cuantos fanáticos han empezado a quemar iglesias y a apalear monjas. Pirómanos verbales están lanzando discos superventas proclamando la ejecución de todos los homosexuales. Bun Dem! (¡quemadlos!) Y gente de todas partes se ha empezado a preguntar: ¿Dónde acaba todo esto? DJ RJ y yo hemos grabado un especial sobre la controversia del Fire Burn titulado Love and Rebellion: Fiya Fi Purification (Amor y Rebelión: El Fuego para la Purificación). Es un complemento audible para este ensayo. Los lectores pueden escuchar la grabación en la excelente página web de Daniel Frankston, www.ireggae.com. Además de una amplia selección de canciones sobre el Fire Burn, desde el roots de los 70 hasta el dancehall del siglo XXI, la sesión incluye cortes de muchos artistas jamaicanos en los que hablan sobre los usos del fuego para la destrucción y para la purificación. La “gran controversia” sobre las letras del Fire Burn ha ido creciendo a lo largo de muchos años. En el verano del 2000 había alcanzado unas proporciones críticas, tal como se puede ver en un comentario sobre las coincidencias entre este y otros ardientes “signos de los tiempos”, en la página web RootzReggae (hoy en día inactiva, n.d.t). Pero a comienzos del 2001, inicio “oficial” del nuevo milenio, la polémica se extendió rápidamente, demostrando que se había encendido una mecha que estaba ardiendo mucho más allá de los dancehall jamaicanos. Sólo unas horas antes de que DJ RJ y yo emitiéramos por primera vez nuestro especial del Fire Burn en Austin (Texas) el 2 de enero de 2001, un joven Rasta de veinte años de edad llamado Kim John y al menos otro cómplice comenzaron el nuevo año entrando en una catedral en la isla caribeña de Santa Lucía y poniendo en práctica la filosofía del Fire Burn. Según una información publicada por Mark Fineman en Los Angeles Times: Vestidos con amplias túnicas y armados de palos, antorchas encendidas y latas de gasolina, los agresores avanzaron por el pasillo, rociando y prendiendo fuego de forma aleatoria a una docena de fieles. Uno de los atacantes prendió fuego al sacerdote y al altar. Otro apaleó hasta la muerte a la hermana Theresa Egan, una monja irlandesa que llevaba cuarenta y dos años trabajando en la isla, porque "vio al demonio" en sus ojos azules. Según investigadores de la policía, John tuvo una visión en la que Haile Selassie le consagró como “el elegido” y le ordenó que liberara a su pueblo del Sistema Babilónico. Y la Iglesia Católica –de la cual son miembros el 80% de los habitantes de la isla de Santa Lucía– es, por supuesto, uno de los principales símbolos de Babilonia para muchos Rastas, especialmente para los Boboshantis, quienes han estado proclamando el fuego sobre el Papa y el Vaticano con creciente ferocidad en los últimos años. Algunas personas quitaron importancia a este incidente por no ser representativo de los “auténticos” Rastas. Otras se cuestionaron, junto con el Primer Ministro de Santa Lucía, Kenny Anthony: Si la Iglesia es la primera víctima, ¿quién será la próxima?.
Hay muchos DJ´s y oyentes que comparten esta homofobia violenta, por supuesto. Otros sólo están interesados por las vibraciones de la música, el sonido, y no se cuestionan el mensaje. E incluso otros optan por mirar a otro lado, aunque no estén de acuerdo. Sobre todo los extranjeros (como los jamaicanos llaman a todo aquello que está fuera de su isla), quienes en gran parte solo quieren demostrar que no tienen nada que ver con el asunto. Criticar la música de quema de battyman podría interpretarse como prueba de haberse vuelto blando, de haber sido corrompido por Babilonia. En Jamaica, parece prácticamente imposible criticar este tipo de letras desde dentro de la cultura, sin enfrentarse a acusaciones de estar desconectado de la realidad (como los intelectuales, etc...), o ser gay. El propio Beenie Man pasó por esto hace unos pocos años. Pedir la ejecución de los gays tal vez sea la forma en que Beenie Man, el camaleón, busca recuperar credibilidad, después de haber lanzado algunos temas (como Better Learn) que parecen críticos con el pensamiento “quema al marica”. Sin embargo, la cultura está cambiando, en parte porque el centro neurálgico del dancehall reggae ya no puede localizarse claramente en Jamaica. Jamaica se ha extendido hacia comunidades externas como Miami, Toronto, Londres y Nueva York. Y los no-jamaicanos, sobre todo los europeos y los norteamericanos, juegan un papel cada vez más importante en la producción, promoción, distribución y consumo de la música. El público está cambiando, y hay una evolución en la conciencia de la gente dentro de la cultura. Por ejemplo, mi hermano DJ RJ, ha compartido durante años en Texas esa homofobia tan extendida ahora por el centro de Estados Unidos. Pero los valores espirituales y la filosofía de igualdad de derechos del pensamiento rasta-reggae han ejercido un poder transformador en su vida, llevándole a explorar otras filosofías espirituales y políticas. Así que cuando hicimos el especial Amor y Rebelión, RJ pensó que era el momento adecuado para darle su merecido a Beenie Man. A mí no me suena a amor y rectitud, dijo RJ sobre la moda de quemar battyman. El “asesinato lírico” de los battyman no es nada nuevo en la cultura jamaicana, por supuesto. Buju Banton causó una tempestad a nivel internacional en 1992 con su éxito Boom Bye Bye (en la cabeza de un battyboy). Podéis haceros una idea de lo profundamente arraigado que está el prejucio anti-gay en la cultura jamaicana, al ver la película de Isaac Julien A Darker Shade of Black, rodada justo después del clamor extranjero contra Buju. Creo que lo que más ha cambiado es una creciente conciencia entre los promotores de reggae veteranos de que ésta es también nuestra cultura. Si es una cultura en la que vivimos, aunque sea a tiempo parcial, entonces tenemos el deber de pensar de forma crítica sobre el tipo de mensajes que transmitimos a nuestro público; a la próxima generación. Llega un momento en el que la intolerancia se hace intolerable. ¿Podemos tolerar a los intolerantes? Tal vez, pero cada vez más muchos de nosotros nos sentimos también autorizados a resistir la intolerancia, pero no condenándola, sino señalando alternativas más atractivas. Esto significa que no podemos meter la cabeza bajo la arena. Debemos estar atentos a los brotes de intolerancia dentro de la cultura que amamos, la cual se ha convertido en un hogar para muchos de nosotros. Hay una enorme separación entre el público principal del dancehall, los yards o yardies (como los jamaicanos llaman a los habitantes de su isla) y el público internacional del reggae, que está dominado todavía por fans del estilo asociado al término roots and culture. El público básico (del dancehall) son aquellos a los que los extranjeros llamarían homófobos, y a menudo militantes, con orgullo. He charlado con artistas jamaicanos que se han dado cuenta de que no pueden expresar estos sentimientos en sus giras por Europa o Estados Unidos. Pero esto no cambia su manera de pensar o, más exactamente, la manera en que en Jamaica tocan para la demanda de canciones de quema-battyman. Un violento virus anti-gay infecta Jamaica, una enfermedad demasiado apreciada para que pueda ser fácilmente erradicada, escribe Stephen Foehr en su nuevo libro, Jamaican Warriors (Guerreros Jamaicanos). Verdaderamente, una enfermedad muy apreciada. Sospecho que cuanto más intenten las élites en Jamaica o los aficionados extranjeros aplastar el odio tóxico del rootsman al battyman, más aumentarán los yardies su guerra retórica contra el mismo. Sobre todo, porque saben que existe un público hecho a medida para este mensaje. Un caso a propósito: en marzo de 2001, un canción quema-battyman del cuarteto TOK, Chi Chi Man, alcanzó el número uno en numerosas listas de dancehall en Kingston, Miami y Nueva York. Como Damn, de Beenie Man, es un éxito que no solo es intolerante con los gays, sino que propugna su erradicación. La canción ha sido enormemente popular, e incluso ha sido utilizada en Jamaica en una reciente campaña política. Pero uno no puede culpar únicamente a los yardies de este fenómeno: TOK ha estado de gira por los Estados Unidos, y algunos de sus auditorios más entusiastas han sido en lugares como Nueva York y Miami, donde los puntos en común entre el hip-hop y el dancehall, en cuestiones de estilo musical, ostentación indumentaria, y visión del mundo (incluido el desprecio hacia los gays), son cada vez más evidentes. Muchos artistas y consumidores de dancehall y rap comparten una tendencia a darse aires de críticos revolucionarios del mainstream (la corriente principal, tendencia o gustos predominantes), aun cuando naden en los excesos materialistas que imperan dentro del mismo. Y uno encuentra por ambas partes, tanto a artistas como a aficionados, que están enamorados del gangsterismo, la propuesta bad boy, el estilo de vida del rude boy, tal y como se conocía en la juventud de Bob Marley. La línea que separa el gangsterismo retórico y el de la vida real es difícil de trazar. Incluso artistas que niegan que sus letras tengan alguna influencia, admitirán sin problemas que es muy beneficioso, tanto en términos de credibilidad artística como a menudo en términos de ventas, el hecho de tener un historial de gangsterismo en la vida real. Así, Tupac Shakur se ha convertido de forma póstuma en una especie de combinación de revolucionario y mesías negro, habiendo alcanzado una muy lucrativa condición de icono gracias a su muerte violenta, vaticinada e incitada por su ensalzamiento de la vida gangsteril. Hay una dinámica similar que opera en el dancehall jamaicano, con un contexto social que proporciona una aceptación emocional generalizada de los delirios Fire Burn de los artistas. Ha habido noticias sobre iglesias quemadas en Jamaica y jóvenes prendiéndose fuego a la ropa en conciertos. Según cuenta una madre, se despertó y encontró su casa en llamas, y a su hija cantando la letra de More Fire, de Capleton. La preocupación general por la influencia de los incendiarios del dancehall ha alcanzado tal nivel que P.J. Patterson, el primer Primer Ministro negro de Jamaica, ha criticado públicamente la manía del Fire Burn, e incluso se ha entrevistado con Capleton para alentarle (sin éxito) a suavizar su rutina Fiya Bun.
La letra causó gran alboroto entre algunos fans norteamericanos, lo que me pareció realmente desproporcionado a la luz de la letra, que es bastante inofensiva, teniendo en cuenta los estándares jamaicanos. Hablé sobre esto con mi hermano Scottie McDonald, que presenta un programa de reggae en la KTRU de Houston. Parecía sentirse traicionado, como si esta canción hubiese destruido o empañado todas los otros trabajos de Garnett. Mi buzón zumbaba con mensajes parecidos de otras personas dentro de la comunidad electrónica de reggae. La reacción a la utilización por parte de Garnett de letras de Fire Burn se vio impulsada por el contraste que suponían con respecto a su reputación internacional, que es la de Profeta Rasta. Para los aficionados al roots, hay a menudo un implícito anhelo mesiánico en los sentimientos que expresan sobre un artista como Garnett. Al igual que Tupac, Garnett se convirtió en un icono por morir joven. El guión, el mito social, dice que los profetas y los revolucionarios mueren jóvenes, y morir joven se convierte en la prueba de esa misma condición profética o revolucionaria. Pero mientras que Tupac explotó su reputación de “gangster” en vida a fin de ganarse una póstuma reputación como revolucionario (contra el sistema de supremacía blanca y/o capitalismo, según se reivindica, de forma explícita o implícita), Garnett llevó en vida el manto de profeta espiritual. Lo cual, al morir, se vio aumentado con matices mesiánicos. Qué impresión, pues, para algunos de los verdaderos creyentes, cuando últimamente ha empezado a surgir una completa imagen de Garnett Silk como artista dancehall. En una reseña sobre “Garnett Silk Meets the Conquering Lion”, pude contrastar la exageración de las notas interiores, con Garnett siendo aclamado como el Nuevo Mesías del Reggae, y las letras de dichos dubplates, muchos de los cuales eran sound boy murders (asesinatos de sound boy), con Garnett matando líricamente a sounds rivales. Esto se podría “perdonar”, ya que estos dubplates fueron grabados cuando Garnett era un joven artista, emergiendo de los dancehalls. En cambio, se supone que What Do You Say? fue una de las últimas canciones que grabó Garnett. Para aquellos que le ven como a un profeta de la paz y la justicia, parece que va en contra de todo lo que él representaba. Luego está la extraña ironía de esta letra, que suena casi como una maldición que se volvió en su contra: Garnett y su madre murieron en un incendio doméstico. Me resisto a sacar la evidente moraleja que tiene la historia, pero parece que pide ser dicha: Si vives por el fuego, morirás por el fuego. Fire gonna burn you and your family. Pero creo que hay aquí otra moraleja. Hasta el punto de que incluso un “profeta” como Garnett Silk estuviese arraigado en la mentalidad Fire Burn del dancehall, debería ser un reclamo para los aficionados internacionales de reggae. Demasiados se han cerrado a una versión básicamente “para exportar” del reggae, y han perdido de vista la cultura de la que esta música proviene. Afortunadamente, el interés por el dancehall y la cultura jamaicana se ha ido extendiendo. En los últimos dos años se han publicado muchos libros sobre esta materia. Uno de los mejores es Wake the Town and Tell the People (Despierta a la Ciudad y Díselo a la Gente), de Norman Stolzoff. El libro de Stolzoff es un estudio persuasivo y fundamentado históricamente sobre la Cultura del Dancehall en Jamaica. Podría ayudar a los fans del reggae (y a los críticos) a entender las razones, y el uso retórico, de fenómenos como el Fiya Bun y el Sound Boy Killing. Creo que un conocimiento más profundo de esta cultura nos permitiría apreciar mejor la evolución de un artista como Garnett Silk, y el camino que recorrió para crear canciones visionarias como The Rod. No obstante, no quiero quitar importancia al espíritu de intolerancia que se ha instalado. Jóvenes vándalos han estado quemando sin distinción: quemando a Jesús y la Biblia, aun cuando Selassie I era un devoto cristiano (escuchad sobre esto Dem a Bawl, de Morgan Heritage); según Jabulani Tafari, quemando a Marcus Garvey e incluso quemando a aquellos que queman, como Capleton.
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