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De vuelta a 1929, durante el aniversario de la emancipación del Caribe angloparlante, Marcus Garvey dijo: necesitamos crear una segunda emancipación: una emancipación de nuestras mentes. Hay salto pequeño desde aquello hasta la frase de Marley: emancipate yourselves from mental slavery, non but ourselves can free our minds (emancipaos de la esclavitud mental: nadie, excepto nosotros mismos puede liberar nuestras mentes). Pero es a su vez una gran evolución de la conciencia. Una de las principales formas de esclavitud mental contra la cual Marley luchó, era la noción de racismo en sí misma. Marley fue Garveyista, y ni siquiera se llamaba a sí mismo hombre, sino Rasta. Repetía que los europeos y asiáticos también podían ser Rastas, si ponían en práctica las enseñanzas de Selassie, en concreto la visión de un mundo de derechos iguales garantizados para todos, sin tener en cuenta la raza. Es una evolución histórica comparable a la del cristianismo, que pasó de ser una religión tribal judía, a ser una comunidad que no era ni judía ni pagana, ni mujer ni hombre, ni esclava ni libre. De ese modo, Rasta ya no es sólo la cultura del hombre negro como el cristianismo no es una religión judía. Pero ha sido una revolución incompleta. El problema de la libertad es que las cadenas de la mente son a menudo incluso más fuertes que las del cuerpo, escribió Carolyn Cooper. Y la esclavitud mental que conlleva la oposición y odio a aquellos que no son o piensan como nosotros se ha convertido en una forma de esclavitud mucho más duradera que la esclavitud física. La controversia del Fire Burn ha llegado en el momento adecuado. Es el momento adecuado para aquellos de nosotros que amamos esta música y esta cultura de empezar a redefinir quiénes somos. La juventud ha llegado a tener mucho más claro aquello a lo que se opone y lo que quieren defender. Todos necesitamos desempeñar un papel, como dice mi hermano Norman Bonner, crear una atmósfera en la que productores y artistas en general crearan, y los DJs pincharan, canciones que celebrasen la diversidad y el entendimiento, y condenasen el fanatismo, la intolerancia y los prejuicios mortales. En cuanto a la mentalidad Fire Burn de los blancos, recuerdo otro sabio consejo. Era esta vez de Angela Davis, a quién una vez escuché realizar una crítica constructiva a una conferencia en la cual, ponente tras ponente, menospreciaban obsesivamente a los blancos. Una coalición multi-étnica práctica es aquella que ni se centra en los blancos ni les excluye. Aquellos que dicen estar creando alternativas a la historia eurocentrista, no pueden hacerlo si siguen centrándose en los europeos, y especialmente si lo hacen a través de la mera oposición. Hay dos formas de subordinación, escribió el historiador David Hackett Fischer, la imitación esclavista y la refutación obsesiva. Cualquiera de los extremos es una forma de esclavitud mental. Y seguramente ese obsesivo quemar a los enemigos, llamados battyman, Vaticano u hombre blanco, es una forma de subordinación. De nuevo, creo que la comunidad entera necesita llegar junta al razonamiento para obtener una definición más clara de que es en realidad a lo que nos oponemos y que es lo que esperamos crear como alternativa. Si sólo conocemos aquello a lo que nos oponemos, entonces nos quedaremos entre las cenizas. Lo que es el juego final del Fire Burn, como una vez se lo oí cantar a una mujer negra en San Diego sobre la melodía del Oh How I Love Jesus: Oh
how I love fire, Oh how I love fire, Oh how I love fire (Oh, como me gusta el fuego (bis), porque todo se vuelve negro cuando arde).
Norman Stolzoff escribe: roots reggae se ha convertido en algo ortodoxo para esos fans principalmente blancos y eso les cegó ante el resto de la cultura musical. La cultura más grande de la que habla es el raggamufin que permanece vivo en nuestros días. Los jóvenes en el Caribe, como cualquier joven urbano de cualquier lugar, afrontan el paro generalizado. Muchos viven en guettos donde la muerte por violencia es un lugar común. Van a escuelas, si es que van, que les transmiten enseñanzas caducas. Los líderes no se dirigen a ellos y son corruptos en su mayor parte. Esos jóvenes sienten desprecio por las instituciones de cualquier tipo, las cuales parecen todas ellas invertidas en el status quo. Es lo mismo de siempre: el sistema babilónico es el vampiro que chupa la sangre de los que sufren. Jack Jonson Hill describió Babilonia en su libro I Shight: The world of Rastafari, como una sociedad opulenta y artificial de individuos absortos en sí mismos que adoran ídolos y llevan estilos de vida decadentes a expensas de los pobres. Y yo pregunto a mis lectores: ¿esto hace sonar alguna campana? ¿no es una buena descripción de la carrera de ratas que muchos llevamos por vida?. Así que cuando escucho a Prince Malachi cantar: Burn down Babylon with no regrets, yo digo que no queremos agua, dejemos que el sistema babilónico arda. La juventud de hoy mira al mundo que ha heredado y aparentemente está de acuerdo con el peor de los augurios de Marley: It seems like total destruction is the only solution (parece que la destrucción total es la única solución). Pienso que deberíamos ponernos de acuerdo en la necesidad de quemar, al menos metafóricamente, un estilo de vida injusto, insostenible, que solo sirve a los intereses de los ricos y que está destruyendo el planeta. Nuestros tan llamados líderes lo niegan o no les importa, en su búsqueda de una recompensa económica y política. No podemos ni siquiera dialogar con los jóvenes si no somos capaces de afirmar que hay muchas cosas que deberían cabrearnos, al menos a aquellos que queremos una mejora. Quizás desde este punto de partida, podemos empezar a hablar de cómo aprender a canalizar ese enfado hacia direcciones más constructivas. Quizás entonces los pirómanos verbales llegarán a la verdad que ya una vez Gandhi anunció: ojo por ojo y el mundo se quedará ciego. Los battyman, la Biblia o el Buckra no son el enemigo, de hecho todos ellos tienen algo importante para contribuir a nuestra emancipación colectiva. No juzgues y no serás juzgado es una enseñanza que se encuentra en todas las religiones del mundo. Y todavía es oportuna. En lo que concierne a los fire burners (pirómanos), Mike General dijo a Laura Gardner, editora de Jahworks.org, que muchos de ellos están juzgando a los demás sin juzgarse a sí mismos, [esto] no puede estar bien. En una entrevista con Carter Van Pelt, Luciano afirmaba la necesidad de la quema retórica de ciertas cosas. Señaló que él había quemado un anuncio de tabaco que encontró en el escenario de uno de sus conciertos. Pero quemar sin razón o sin control, sin conocimiento, es peligroso para todos. They say love without knowledge is no love at all. We cyan afford fe spill more blood for the spilling of that blood.
Those who say, ‘I Love Jah,’ and hate their brothers and sisters, are liars; for those who do not love a brother or sister whom they have seen, cannot love their Creator whom they have not seen. (Aquellos que dicen I love Jah y odian a sus hermanos y hermanas son embusteros; aquellos que no aman al hermano o hermana que han visto, no pueden amar a su “creador” al que nunca han visto) (I Juan 4, adaptado). http://www.reggae-news.net Puedes
consultar el original en inglés. Gregory Stephens es autor de On Racial
Frontiers: The New Culture of Frederick Douglass, Ralph Ellison, and Bob Marley
(Cambridge UP). Como periodista, Stephens ha publicado en diferentes medios
como Los Angeles Times, San Francisco Chronicle y Village Voice. Estudió
en la Universidad de California y en la de Carolina del Norte, actualmente
es profesor bilingüe en las escuelas públicas de la ciudad de
Oklahoma. Los programas de radio, entrevistas y escritos realizados por Stephens
se encuentran on-line en: www.gregorystephens.com. Contacto: gstephen@email.unc.edu
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