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MANIFIESTO POR LAS VACAS

. Un análisis objetivo e imparcial de la situación que padece en la
actualidad el ganado vacuno explotado por la especie humana, nos lleva
inevitablemente a la conclusión de que esta actividad causa enormes dosis de
sufrimiento a un número ingente de seres inocentes, de forma gratuita y por
motivos exclusivamente económicos, despreciando sus más elementales
derechos, en especial los que conciernen tanto a la vida como a la
integridad física y emocional.En efecto, y al igual que en muchas otras situaciones de violencia hacia los
animales, las vacas son mantenidas en un régimen de esclavitud donde todo
está supeditado a la rentabilidad económica. Así, son tratadas como meros
elementos de producción en lugar de ser consideradas como lo que en
realidad son: seres sensibles, vertebrados y mamíferos como los humanos, y
con un sistema nervioso en lo fundamental idéntico al nuestro.Las hembras son inseminadas de forma constante, y a los pocos días de nacer
se les arrebata a sus hijos, lo que ocasiona en ambos una terrible sensación
de angustia, debido a los fuertes lazos afectivos que existen entre ellos.
Los jóvenes terneros son entonces encerrados en minúsculos compartimentos
donde frecuentemente ni siquiera pueden darse la vuelta. Quedan así
frustrados de manera permanente todos sus instintos naturales, como correr,
jugar, o buscar la referencia física y afectiva de su madre. Reciben una
alimentación deficiente para que el aspecto de su carne satisfaga las
preferencias estéticas de los consumidores. La realidad es que la industria
ganadera convierte la vida de estos desdichados animales en una experiencia
miserable.Sus madres no corren mejor suerte. La leche que por naturaleza estaba
destinada a los terneros es succionada a la fuerza por diversos artilugios
mecánicos que les provocan constantes irritaciones mamarias. La obsesión de
la sociedad industrializada por los lácteos es tal, que la selección
genética ha conseguido crear animales aberrantes con serias dificultades
para caminar debido al tamaño de sus ubres.Las vacas serán explotadas sin descanso mientras den los resultados
económicos previstos por la empresa. Cuando no se cumplan la expectativas,
simplemente las enviarán al matadero. Estos siniestros lugares son, en la
práctica, auténticos centros de exterminio masivo donde las víctimas
perciben el terror y la angustia de sus compañeras, siendo manipuladas sin
la menor compasión. Las leyes de protección que teóricamente tratan de
evitar su padecimiento final son, casi siempre, simples normativas
propagandís-ticas destinadas a anestesiar la conciencia de los ciudadanos.
El sentido común nos dicta que, sencillamente, resulta imposible dar muerte
a cientos, y a veces miles de animales en una sola mañana sin causarles un
indecible sufrimiento.La situación del ganado vacuno explotado para carne y leche es, en la
actualidad, un auténtico holocausto difícilmente justificable desde un punto
de vista ético.Esta inmensa tragedia es, sin embargo, deliberada y constantemente
silenciada por autoridades, empresas explotadoras, sindicatos y medios de
comunicación, en un ejercicio de insensibilidad inaceptable. Por si esto no
fuera suficiente, observamos cómo se frivoliza de forma constante con este
drama. Las cadenas de televisión nos ofrecen imágenes de animales enfermos,
moribundos o colgados de las cadenas de sacrificio, mientras litros de
sangre aún caliente salen por el cuello recién seccionado. Especialmente
revelador resulta ver a ganaderos y consumidores exigiendo vehementemente
"sus derechos", sin ni siquiera plantearse la legitimidad moral de su
conducta.¿Y qué decir de los veterinarios en toda esta historia?. Es incomprensible
que los ciudadanos en general sigan asociando esta profesión con un
sentimiento de "amor hacia los animales", cuando la cruda realidad nos
demuestra que la inmensa mayoría de estos profesionales son, en la práctica,
elementos indispen-sables en procesos productivos de consecuencias
devastadoras para sus víctimas.La polémica suscitada gira únicamente en torno a los efectos que esta
"crisis" pueda tener en el ámbito humano, en aspectos tales como la salud,
la economía o la política, sobredimensionando de esta forma nuestro papel de
víctimas y pasando de puntillas por el de verdugos.Así, el hecho de que, tras aceptar como algo natural y deseable este crimen
masivo, sólo nos preocupemos de las posibles consecuencias que pueda tener
para nosotros el consumo de sus restos, no demuestra otra cosa que un
egoísmo colectivo insultante.El "mal" de las vacas ya existía mucho antes de la aparición de la
encefalopatía espongiforme bovina. El autentico "mal" de las vacas es el ser
humano, que las explota despiadadamente y que las usa de manera
mercantilista.Especial mención merece el tratamiento que dan al tema los medios de
comunicación, y que pone de manifiesto en qué medida hemos llegado a
despreciar el sufrimiento no humano. Constantes referencias a la polémica
utilizando frases con doble sentido, comentarios jocosos y chistes fáciles.
Realmente no resulta más ofensivo llamar loco a un ser humano aquejado de
discapacidad mental severa que a un animal enfermo.Por otra parte, la aparición de imágenes en prensa y televisión de vacas
temblando, agonizantes e incapaces de mantener el equilibrio, o de terneros
aterrorizados en medio de una sala de despiece, acompañadas de simples
comentarios sobre perdidas económicas, resulta realmente obsceno.Huelga decir que la autoridad moral de quienes aceptan este tipo de
situaciones para indignarse por otros fenómenos de violencia humana queda,
cuando menos, seriamente atenuada.A nuestro juicio, no se trata tanto de cuestionar qué tipo de alimentación
se ofrece al ganado o la cantidad de antibióticos que le suministramos, sino
de cuestionar la ganadería como fenómeno, dado que es claramente
incompatible con el respeto a sus derechos básicos, y se sustenta además
sobre la ancestral y arrogante idea de la superioridad humana.Creemos que éste es un buen momento para que, desde todos los ámbitos de la
sociedad, empecemos a cuestionar seriamente la licitud moral del maltrato
que infligimos en general a los animales no humanos, máxime cuando éste se
produce, casi sin excepción, en circunstancias que fácilmente podríamos
evitar si tuviéramos un honesto interés en ello, y sin que este cambio
afectara a nuestros intereses vitales, en la medida en que el consumo de los
"productos" resultantes de esta masacre (carne y leche) no responde a
necesidades nutricionales, sino a una cuestión puramente cultural y de
preferencias gastronómicas.Por todo ello, es deseo de ATEA que el presente MANIFIESTO se difunda, se
debata, se apoye o se critique. Nuestro último propósito es, en definitiva,
generar un debate social serio y objetivo sobre la actividad humana que más
sufrimiento gratuito genera: la explotación de los animales.ATEA, febrero 2004ASOCIACION TAURINA PARA UN TRATO ETICO CON LOS ANIMALESApartado 581 - 01080 VITORIA-GASTEIZApartado 237 - 20110 TRINTXERPE (GIPUZKOA)

Tfnos. 656-77 29 50 y 656-75 47 20

Fax 945-27 15 68

 

 

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